Aun puedo inmortalizar en las noches
cada soplo de baladas confitadas
calándome en tus presencias violáceas
de noches largas y fríos pesados
De esos que carcomen los huesos
pero no el alma.
Puedo solitario mirar encantado
hacia la ausencia de un ser todopoderoso
Que no existe en mi camino divino
ni en el humano, ni en el exilio.
Y Solitario también mirare alucinando
la psicodélia del fin de ciclos
y cantare al cielo llorando:
-Que por ti vivo la vida,
amena, brillante y única majestad mía.-
Ignacio Borowitzka.
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