martes, 21 de junio de 2011

Accidente, Occidente, etcétera...

He soñado con funerales de gente desconocida, manifestaciones iconoclastas, hipocresía, idolatrías exageradas, delectaciones voyeuristas. He soñado con un cielo cayendo a plomo contra mí y con sabios que aseguran la verdad. ¿La verdad? ¡Y yo cada día al despertar no recuerdo nada! Mi última carta: Desprenderme de lo occidental a una vida oníricabsoluta. De momento continúo envenenándome, soy el hombre de Vitruvio.

domingo, 19 de junio de 2011

Consecuencia.

-El anciano de la mesa siete, te aseguro que no ha parado de toser en toda la semana- Comentó el joven con desdén mientras sorbeteaba insoportablemente una taza de café ya fría.
No es que a al joven le molestara todo esto, seguramente le era incomodo tener que lidiar con cualquiera que intentara suplantar su característico puesto de “hinchapelotas”, que por derecho crónico, le había pertenecido durante un par de meses.
-¿Sabes algo? Ese anciano ha llegado el jueves pasado y al parecer con gripe porcina. No me explico como a un octogenario verrugón se le ocurre hacer tan intolerante presencia en un café del siglo veintiuno-
-¿Acaso no son públicos?- Reparó su compañero de mesa
-¿Público? La vida misma es pública amigo mío, tu presencia en la fila del almuerzo, en los baños, las palabras que dices, todo es público… y el humo de tu cigarro también lo es ¡Apaga esa porquería!
-En recreo nos dejan fumar, no veo el porque apagarlo-
El joven se levanta e intenta quitarle el cigarro en una maniobra lo suficientemente tosca como para derramar el poco café que aun quedaba sobre el regazo de su compañero.
-¡Mira lo que has hecho Gabriel!- Exclamó su compañero levantándose de un salto.
Las miradas del salón, muertas, se clavaron en la entrepierna del compañero de mesa, seguramente era el acontecimiento más interesante del día. La gente volvió las miradas a su grupo para cerciorar lo que habían acabado de ver. Gabriel volvió a tomar asiento.
-Eso te pasa por estar fumando- Agregó el joven llevándose la cucharilla a la boca simulando un cigarrillo.
¿Qué tiene que ver el cigarro? ¡Este lugar es público y tu estas loco!- Grita el compañero, colérico y rojo de vergüenza e ira.
Gabriel se lleva el puño a la boca para toser delicadamente.
-A esto se le llama consecuencia-
-¡Consecuencia sería el cáncer Gabriel, no que tu derrames un café!-
-Eso es una consecuencia biológica-
-¿A que nos lleva esto? ¡Tú derramaste el café y yo salí afectado! ¿Qué tiene que ver en esto el maldito cigarro?-
-Pregúntaselo tu-
El compañero de mesa mira su cigarrillo aun encendido en la baldosa solo para darse cuenta que había caído nuevamente en otra de las mordaces bromas de Gabriel. No quiso explicarle que los cigarros no hablaban, eso habría afectado más aun su dignidad. Entonces tomo unas servilletas y mientras se secaba el rabo con agresividad se dirigió a la mesa del anciano que aún no paraba de toser. La gente seguía la escena con la mirada anestesiada.
-¡No es el cigarro Gabriel!- Gritó nuevamente el compañero de mesa
-¿Qué piensas hacer Juan?- Preguntó Gabriel emocionado con la escena.
-Voy a cambiar mi destino-
Acto seguido pisó el pie del viejo con tal fuerza que de un grito comenzó a toser compulsivamente sangre y flemas, amuñó las servilletas y las deposito en su boca como si fuera un tacho de basura, sacó de su bolsillo un cigarro magullado y lo encendió con un fósforo.
Pensaba que había ganado la disputa, que había sido mas astuto que Gabriel y que con esto se iba a ganar el respeto de todos los enfermos. De un momento a otro las cosas dieron un vuelco atroz, entraron los enfermeros de seguridad y sujetaron a Juan de los hombros, Gabriel mientras tanto sonreía viendo como se llevaban a su compañero antes de que terminara el recreo… y Juan gritaba: ¡Ahora es consecuencia del anciano y tú estas loco!

Ignacio Borowitzka.