Debo confesar, que no me agrada la soledad acompañada, eso de estar rodeado y a la vez solo. Como el león enjaulado en un circo, el soldado rodeado y entregado a su muerte o la ballena varada en la costa siendo el descanso de las gaviotas. Prefiero la presencia del mar inerte según la ciencia, pero para mi más vivo que cualquiera. Prefiero escucharlo a el y a sus crías reventando en la orilla.
Distingo al ojo luminoso que calienta la arena en la que me tiendo a soñar, con las pupilas dilatadas y sabiendo que es dañino; pero no más que la gente, muerdo mis pensamientos como nunca antes lo he hecho.
Disfruto asistir a la naturaleza solidaria, que vive una soledad acompañada al igual que yo, que convida sus aromas de infinitas texturas, que enseña sus colores y, ¿como no?, sus sonidos, ambos se hacen arte en mi retina y en mis oídos. Hoy ella me entrega su alimento. Dulces sabores inmortales, junto a eternos motivos para seguir vivo, en un mundo egoísta, que se pierde a conciencia, sin que nos pida nada a cambio.
Ignacio Borowitzka.
muy buena , mucha veces siento eso :)
ResponderEliminarLo triste es que todos estamos muy solos, al menos pocos nos damos cuenta.
ResponderEliminarPaloma.