La noche no era más azul que lo habitual y las estrellas no brillaban mas que ayer, pero curiosamente esa noche todo parecía especial y el alcohol no estaba presente en mí para hacerme creer eso. Naufragué en un túnel que habitualmente suelo tomar, pero esta vez camine solo, era yo vivo y despierto rodeado de un exquisito olor a tabaco barato y cantos de amistad. Las voces reían eufóricas, las damas lanzaban miradas seductoras, ya se sentía el olor del cannabis y dentro de la habitación yo nada hacía más que meditar mientras aparentaba ser parte de la fiesta.
Junto a los amigos no importa quién se divierta mas, lo teórico es compartir y eso era lo que yo hacía esa noche. La luna brindaba la luz necesaria para poder mirar el camino. La música comienza a nacer, parte mi guitarra llena de magia e ideas por entregar y sigue el melancólico vaivén de una armónica ebria. Cuando la estructura ya en concreto, este lista y solamente se repita hasta que los pulmones aguanten, comienza la improvisación de historias y palabras. El sentimiento comienza a surgir, cuentos de amor, valentía y sueños, de promesas y sobretodo de amistad. Mi cuerpo aun resiste la interminable fusión de ideas, pero comienza mi mente a quebrarse con la transparencia de confianza que se teje en el momento. Una guitarra cae bajo la lluvia y esta confunde entre otros un llanto silencioso.
Ignacio Borowitzka.
felicitaciones nacho, me gusto tu blog y esteticamente igual esta muy bueno...saludos...nicko
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