domingo, 14 de noviembre de 2010

El espejo en el espejo

Tras un caleidoscopio con mira de cristal
Vi en su magnitud el desorden y me sumergí.
De pie, en el fondo, las figuras difuminadas
Cedieron sus siluetas ante la lógica de la proyección

Frente a pantallas y espejos de colores
la gama se extendía por el callejón enhiesto
enredado entre destellos asfixiantes de neón
con el viento en contra y la gravedad a favor.

Los Fantasmas de cuentos vestidos tornasol
me envolvieron en batín negro y violeta
Y en el lago donde la luz filtraba holística
atraparon la verdad en un tubo de cartón

Una trampa mortal, el espejo en el espejo
arquetipo inmaterial compatible al dolor
-¡Transfórmalo en placer!- Gritaron carcajadas
amplificándose en un eco, eternas carcajadas.

Jugamos a escondernos bajo este paisaje activo
que gira como la vida, nuestro eterno amigo
en vaivén como un disco en reproducción
Sin importar el momento, es la misma canción
Una trampa mortal, un espejo en un espejo.

Ignacio Borowitzka.

domingo, 24 de octubre de 2010

Poema I

¡No has de opacar vuestro brillo por capricho!
Dejad que el cielo luzca su astrológico vestido
Que deslumbre con manifestante pantomima,
profunda locura, eufórica brisa.

¡No has de opacar tu solemne canto vivo!
Que las penas fluyan solo en vuestro camino.
“Lo que nos pertenece y lo del resto”
Mas aquel dilema sea mío, no es nuestro amigo.

Yo brindo por aquellos que guardaron sus tormentos
a cambio de una ajena sonrisa sus lamentos.
Brindo por el viejo que pide limosnas
Cantando con intensa alegría y postrado en el cemento:

- La lluvia ajena sólo entorpece nuestro rio
bien mis pecados de la mano conmigo
irán desde el cielo hasta el trapecio
irán del sepulcro hasta el olvido -

Ignacio Borowitkza.

sábado, 16 de octubre de 2010

De piratas y astronautas

De piratas y astronautas se
que como ellos nunca en la vida seré.
Intentando tocar el cielo, caigo al mar
Y en el mar soy naufragio y no capitán.

Se que la vida me ha dado
como nos ha dado a todos, condenados
cien penas por cada sonrisa
a mi, diez canciones por cada tristeza.

Se que la sangre sigue fluyendo
Y también que el calor es importante en esto
Que el tabaco anega mi existencia
y que el mirar desconcertante me llena.

También se que la noche tiembla
cada vez que en tus ojos no veo siesta.
Que habrá mil preguntas por cada estrella
y de respuestas, pocas en esta tierra.

Se que puedo, si quiero
y que quiero lo que no puedo
es satisfacción intentarlo
una y otra vez, aunque sea doloroso

aunque sea

en vano.

De piratas y astronautas se
que tan lejos como ellos no llegare
Pero quiero seguir corriendo
aunque me encuentre en el camino
solo, ciego, muerto.


Ignacio Borowitzka.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un recuerdo de verano.

La noche no era más azul que lo habitual y las estrellas no brillaban mas que ayer, pero curiosamente esa noche todo parecía especial y el alcohol no estaba presente en mí para hacerme creer eso. Naufragué en un túnel que habitualmente suelo tomar, pero esta vez camine solo, era yo vivo y despierto rodeado de un exquisito olor a tabaco barato y cantos de amistad. Las voces reían eufóricas, las damas lanzaban miradas seductoras, ya se sentía el olor del cannabis y dentro de la habitación yo nada hacía más que meditar mientras aparentaba ser parte de la fiesta.
Junto a los amigos no importa quién se divierta mas, lo teórico es compartir y eso era lo que yo hacía esa noche. La luna brindaba la luz necesaria para poder mirar el camino. La música comienza a nacer, parte mi guitarra llena de magia e ideas por entregar y sigue el melancólico vaivén de una armónica ebria. Cuando la estructura ya en concreto, este lista y solamente se repita hasta que los pulmones aguanten, comienza la improvisación de historias y palabras. El sentimiento comienza a surgir, cuentos de amor, valentía y sueños, de promesas y sobretodo de amistad. Mi cuerpo aun resiste la interminable fusión de ideas, pero comienza mi mente a quebrarse con la transparencia de confianza que se teje en el momento. Una guitarra cae bajo la lluvia y esta confunde entre otros un llanto silencioso.


Ignacio Borowitzka.

Para Venus II

La mezcla perfecta.

Produjo en momentos tu cuerpo los más fieles sentimientos de razón,
cubrieron las raíces de tu cielo en mí la dicha y la agonía,
neutralizaron tus besos el peligro de las palabras,
de la dañina coherencia.

Por meses fui de tu cuerpo un ilustrado, erudito de tus miradas,
el sabio de tus amenidades, el ladrón de tu flor.
Fui de tu tacto un esclavo, un naufragio en tu cuerpo,
la calma y la exaltación, de tu fondo hasta la superficie.

Embriagamos la carne con placer incontenible,
bebimos de la vertiente férvida del pecado,
mordimos la fruta prohibida, osamos a cerrar los ojos frente al fuego,
azotamos el tiempo contra la pared de la irreverencia,
esparcimos la tinta sobre un lienzo de piel y escribiendo en esta,
la formula de una receta perfecta, nos miramos en un beso.

Y así nuestra figura se convirtió
en el universo de nuestros deseos,
en la infinita marea de la posesión,
en una realidad subjetiva, en un color imposible,
que se extiende desde las más altas cumbres del goce,
hasta el agitado suplicio de la compañía.

Ignacio Borowitzka.

Soledad Acompañada II

Al no poder estirar mi mano hacia el cielo
para sentirme dios tapando el sol (como acostumbro hacerlo)
me creí insignificante, pero no menor.
Grite para que alguien me escuchara
pero a pesar de ser un día soleado de verano
no había alma alguna en ese lugar,
todos disfrutaban su lujosa compañía.
Devolví mi vista el cielo, y con un guiño al sol
nuevamente me sentí dios.

Ignacio Borowitzka.

martes, 7 de septiembre de 2010

Invicto II

Ella: ¡Mátame!
El: No lo hare, no soy dios.
Ella: Yo puedo hacerlo
El: Inténtalo
¡BANG!
El:
¿Ves? Aun no me he ido.
Ella: ¡Mierda!

Ignacio Borowitzka.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Para Venus I

Que sereno es verte o intentar oírte, es que en tanto aroma violeta que navega por los pasillos, disminuyendo en fotogramas a la gente, ¿como podría yo?, tan solo un niño, silenciarte con un beso en la mejilla o con un guiño. Y tu caminando con bella caligrafía, dejando poesía, ¡que delicia es ver tu andar e inundarme en alegría! Resultas ser para el rumbo de mis deseos la huella mas preciada, Te conviertes ligeramente, bajo mis pies, en mermelada. Me enredo, me despisto y pierdo el equilibrio o bien haces de mi cubierta, marea terrible, marea sin destino.

Ignacio Borowitzka ~ Venus*

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Pensamiento de baño.

¿Es inconsecuente escribir de algo que en la práctica propia se contradice?
En teoría si.
Me justifico; No me culpen por ser humano.

Ignacio Borowitzka.

Que divertidos son los pensamientos que vienen a la mente cuando meas. ¡Mientras mas orinas, más divertidos son!

domingo, 29 de agosto de 2010

Trastorno Esquizoafectivo.

Salió de la fiesta a tomar aire, a los minutos la seguí.
Estaba ella fumando mientras, nerviosa, daba vueltas
Me acerque, al verme callo en mis brazos y entro en pánico
Y mientras sus lagrimas se congelaban con el frio de la noche
mientras la luna creaba un destello en sus ojos apagados
y los perros ladraban por el ruido de la fiesta
Yo solo podía culparme, al no poder llorar también.

Ignacio Borowitzka.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Invicto.


Esa mañana la lluvia apago mi cigarrillo
-Te odio- Espeté al cielo.
Luego lo volví a encender
-No me ganas- Le reí.

Ignacio Borowitzka.

jueves, 22 de abril de 2010

Realidad o Fantasía.

Recuerdo que comenzó desde que tengo conciencia algo realmente maravilloso. Se trataba de un juego que no requiere fichas ni naipes, completamente libre de avances tecnológicos, donde perder era algo imposible, o así lo creía yo, hasta que descubrí que este juego se convertiría en el mas poderoso en vida y a la vez sería único, pero también muy peligroso, como todos, si te excedes.
Suelo cada día perderme en el respiro de la realidad y me resulta sencillo y divertido cerrar las ventanas que me conectan al mundo y convertirme en algo completamente diferente. Un alquimista en busca de la vida eterna, un dios que une al mundo, un asesino que despoja almas sin piedad, puedo volver al pasado y ser quien soy ahora, tranquilizar por fin las viejas inquietudes con aquellas decisiones complicadas en la vida, ser espacio o ser mar, pirata o astronauta. Pero a veces resulta problemático perderse en estas ilusiones, pues llegas a creerlas con tal fuerza que se apegan a ti y te conviertes en una fantasía, en un bosquejo de ideas afectivas que solo tienen significado para uno mismo. Y si se que me hacen daño, ¿Por qué sigo creyéndolas reales? O más bien ¿Por qué temo dejar que lo sean?
Cuando observo el mundo, y no solamente con los ojos, me cuesta creer mucho de lo que veo. Cuestiono la existencia de lo físico, de la vida y de la muerte e incluso hasta llego a dudar de la propia, convirtiendo la imaginación en algo de peso frente a este gran dilema: Realidad o fantasía.

Temporalmente me encuentro en receso con todo esto, pero si algún día me ven volando por los aires sobre un fénix o moviendo montañas con la fuerza de mis pulmones, sabrán que no se trataba únicamente de un simple juego.

Ignacio Borowitzka.

sábado, 3 de abril de 2010

Agnóstico.

Aun puedo inmortalizar en las noches
cada soplo de baladas confitadas
calándome en tus presencias violáceas
de noches largas y fríos pesados
De esos que carcomen los huesos
pero no el alma.

Puedo solitario mirar encantado
hacia la ausencia de un ser todopoderoso
Que no existe en mi camino divino
ni en el humano, ni en el exilio.

Y Solitario también mirare alucinando
la psicodélia del fin de ciclos
y cantare al cielo llorando:
-Que por ti vivo la vida,
amena, brillante y única majestad mía.-

Ignacio Borowitzka.

martes, 16 de marzo de 2010

Soledad acompañada.

Debo confesar, que no me agrada la soledad acompañada, eso de estar rodeado y a la vez solo. Como el león enjaulado en un circo, el soldado rodeado y entregado a su muerte o la ballena varada en la costa siendo el descanso de las gaviotas. Prefiero la presencia del mar inerte según la ciencia, pero para mi más vivo que cualquiera. Prefiero escucharlo a el y a sus crías reventando en la orilla.
Distingo al ojo luminoso que calienta la arena en la que me tiendo a soñar, con las pupilas dilatadas y sabiendo que es dañino; pero no más que la gente, muerdo mis pensamientos como nunca antes lo he hecho.

Disfruto asistir a la naturaleza solidaria, que vive una soledad acompañada al igual que yo, que convida sus aromas de infinitas texturas, que enseña sus colores y, ¿como no?, sus sonidos, ambos se hacen arte en mi retina y en mis oídos. Hoy ella me entrega su alimento. Dulces sabores inmortales, junto a eternos motivos para seguir vivo, en un mundo egoísta, que se pierde a conciencia, sin que nos pida nada a cambio.


Ignacio Borowitzka.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Primer día de clases.

Desperté como si tuviera los efectos de la adormidera y el vino seco molestando en la garganta a mitad de la noche, la luna se dibujaba en mi ventana con un contorno difuminado, era perfecto para un cigarrillo, acostado miraba el cielo y recordaba las experiencias vividas horas atrás, antes de llegar a casa y volver a la realidad agobiante de la soledad acompañada.
Ayer, la noche se desahogo regalándonos un hermoso cielo estrellado, que mejor para cremar las sonrisas falsas y los silencios innecesarios. Las cuerdas a dúo y las voces ya gastadas de tantas noches de verano acompañaban a un vino de bajo presupuesto y una que otra cerveza tibia. Un perro esquizofrénico que moría por unas caricias, de esas que por alguna extraña razón nos cuestan tanto entregar, el mar mordiendo la orilla y un abrazo de peces galácticos, también el frío y la brisa, una mezcla de trastornadas delicias bajo la luz de Venus.
Venus, que se ha ido lejos, pero aun esta presente, esa noche estaba allí con cierta nostalgia observándome en la anestesia. Mi cuerpo se volvía pesado y mis piernas lánguidas en el viaje a tus pensamientos, atravesando esa mirada, me golpeo en la nuca ese apuro a la miseria que no logras controlar y no pude evitar caer al suelo dramáticamente, derramar de un vaso la sangre de dios y apagar inconciente un cigarro en la arena húmeda, pero tu estabas ahí y eso me mantuvo contento.


Bienvenidos sean los que deseen seguir leyendo.

Ignacio Borowitzka.